En los años de represión y luto, la familia enfrentó el encarcelamiento y posterior desaparición del padre, lo que obligó a una madre de 33 años a buscar apoyo en sus seres queridos. Durante este periodo, la autora fue testigo de los esfuerzos de su madre por mantener la estabilidad familiar, realizando constantes viajes entre Puerto Plata, Santo Domingo y Puerto Rico. En este entorno de incertidumbre, figuras como Miguel Cocco Pastoriza, así como los tíos Francisco Rainieri Franceschini y Venecia Marranzini Lepore, se convirtieron en pilares fundamentales de protección y asistencia logística.
El respaldo de los Rainieri Marranzini
La relación con los Rainieri Marranzini se consolidó con el paso del tiempo, extendiéndose desde los vínculos en Puerto Plata hasta la capital. Los hijos de Queco y Venecia, entre ellos Frank, Fernando y Luis Manuel, fueron figuras recurrentes en las conversaciones familiares y en la vida cotidiana de la autora. Frank, en particular, destacó por su labor constante y tranquila, mientras que la llegada de Haydée a la familia fue recibida con aprecio, logrando integrarse a pesar de los prejuicios y las sombras de aquella época compleja.
A pesar de la construcción de un importante emporio empresarial que les ha otorgado reconocimiento, los integrantes de esta familia han mantenido la fraternidad como un valor central. La capacidad de estar presentes en momentos críticos, ya sea desde diversas ciudades del mundo o en situaciones de extrema necesidad, demuestra un compromiso que trasciende la distancia. Este apoyo constante hacia sus allegados se ha mantenido sin estridencias, consolidando lazos que se han fortalecido a través de las décadas.
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