El desarrollo de infraestructuras náuticas en el país ha trascendido la simple función de atracar embarcaciones para consolidarse como motores de dinamismo económico y social. Más allá de ser muelles, las marinas exitosas funcionan como centros urbanos que integran comercios, servicios y residencias, generando un valor agregado que trasciende la actividad marítima. Esta visión integral permite que destinos como Marina Casa de Campo y Cap Cana se conviertan en puntos de encuentro permanentes, donde la comunidad y la oferta gastronómica definen el éxito del proyecto.
Cifras y potencial del sector náutico
Las estadísticas de la Asociación Dominicana de Marinas Deportivas y Clubes Náuticos revelan la magnitud de este segmento, con más de 3,000 embarcaciones recibidas durante el año 2023. Con inversiones que superan los 1,000 millones de dólares, el sector ha logrado crear cerca de 5,000 puestos de trabajo directos e indirectos. La proyección para el año 2030 sugiere que el flujo de embarcaciones podría duplicarse, consolidando a lugares como Puerto Bahía en Samaná y Ocean World en Puerto Plata como polos estratégicos de desarrollo.
El perfil del visitante náutico destaca por su alto nivel de gasto y largas estadías, lo cual beneficia directamente a la economía local mediante el consumo de servicios, mantenimiento y provisiones. A diferencia del turista convencional, estos navegantes suelen establecer vínculos duraderos con el destino, lo que frecuentemente deriva en la adquisición de propiedades inmobiliarias. Este fenómeno convierte a las marinas en el puente principal entre el turismo de navegación y el mercado de bienes raíces, asegurando una fuente constante de inversión extranjera y desarrollo regional.
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